lunes, 28 de abril de 2008

El oro de Lincoln
(variaciones sobre el tema de Arreola)

Tenía el mapa del tesoro. Cada mañana empezaba a contar los ciento veinte pasos que decían las instrucciones en una dirección diferente. Así, sin brújula ni nada. Al finalizar su búsqueda diaria traía siempre el falso regusto triunfante que deja el olor a tierra mojada.

Pero aquella mañana, al despertar, no sintió la necesidad de volver a cavar un nuevo agujero. Esa misma noche iba a conocerla.

3 comentarios:

Esther dijo...

No encontró el tesoro porque aún no le había recibido la tierra. A partir de esa noche, la tierra acogería por fin el tan anhelado tesoro.

Anónimo dijo...

Muchas veces tenemos un mapa para buscar un tesoro, pero no tenemos claro cuál es. Y después lo ves en ese trozo de tarta de chocolate, en el beso de la mañana, en el saludo inesperado de un amigo, en ese abrazo a escondidas, en el fugaz roce de manos y en la cercanía del sofá....pero todo debajo de olivo donde nada puede ser falso.
Di que sí.El mismo oro de Lincon es a la vez afortunado por haberlo encontrado. Los tesoros se alegran mucho cuando los encuentran. Suelen llevar perdidos mucho tiempo.

Laura Pérez Privado dijo...

hei!!!
Qué tAL!!!!
Si, otra vez estoy detrás del mostrador de los libros. Pásate a verme!! el horario es de 11 a 2.30 y de 6 a 10, va??? en la caseta 15.
Besitos!!!