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martes, 6 de marzo de 2012

Train of consequences (revisited)


La estación vacía, todos esperando el mismo tren.
Nadie quería reconocerlo,
llevábamos años poniendo excusas para estar allí:
hay quien decía que esperaba a un familiar,
hay quien decía que pasaba por allí,
que le cogía de camino a casa.


El concierto acaba. Se escuchan las pisadas de la gente sobre los vasos de plástico. Hay alguien que tose, algunos cantan los estribillos todavía. El bajista tiene los oídos taponados, la sensación durará varias horas. Una pareja de novios sabrán desde ese preciso momento cuál será su canción. Una mujer llegará a casa, se duchará y se pintará las uñas de los pies. Será el momento más feliz de su día. El chaval de la primera fila llenará su vida de música aterrado de los silencios entre canciones. Muchos volverán a la estación a esperar un tren que se retrasa demasiado porque quizá el destino ya no exista. Pero yo –por primera vez- me quedo aquí. 

Y ahora.

jueves, 5 de enero de 2012

Amor/Síndrome de Diógenes/Complejo de Edipo

Comprar vaqueros es una cosa compleja. Ya se sabe, mejor acompañado. Mis dos últimos pantalones los compré en Zara, unos hace tres años con una novia que tenía, y los otros con una nueva que me eché. Soltero otra vez, mi madre –un poco harta ya de remendarme los vaqueros- aparece un día con unos (del Corte Inglés) que me quedan perfectos. No sé si abrazarla o echarme a llorar.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Apócrifo de "Cosas que los nietos deberían saber" de Mark Olivert Everett

Y mucho cuidado con los poetas, Isabel. Si te acuestas con uno, desconfía. Por mucho que intente disimularlo, ten por seguro de que te habrá hecho el amor.


jueves, 22 de septiembre de 2011

Química

Cuando una topilla de la pradera (Microtus ochrogaster) recibe una dosis cerebral de oxitocina, se siente vinculada de inmediato al macho que esté más cerca en ese momento, y de forma perdurable. En humanos se ha hecho una prueba similar, pero con dinero. Un equipo de economistas y psicólogos suizos demostró que una simple inhalación de un aerosol de oxitocina hace que la gente confíe más en los extraños y, por ejemplo, les preste mucho más dinero en una situación ficticia (pero con dinero real puesto por el voluntario).

Javier Sampedro

¿Qué se ama cuando se ama?

Gonzalo Rojas


Se enamoró de una sonrisa, de una lengua, de los libros de una estantería. Se enamoró del silencio, de un flequillo, de la melodía de un grupo que ya no existe. Y pensó que fue por la distancia. Pero no. Luego se pellizcó fuertemente para ver si estaba soñando. Tampoco. Al final resultó que el farmacéutico había confundido su medicación.

domingo, 29 de mayo de 2011

El primero

Atraviesa con el coche la ciudad. Acelera, mete quinta en una de esas largas avenidas en las que sólo se puede ir a cincuenta. Consigue cruzar tres semáforos en ámbar. Pisa a fondo para llegar el primero

al próximo semáforo en rojo.

sábado, 22 de enero de 2011

Chomsky, tú y yo

y tú, pequeño milagro
Visión Sonora


Los universales lingüísticos siempre me fascinaron. Ese tejido invisible que une a toda la humanidad; un tejido de fonemas, estructuras profundas y ansias de socialización. El instinto, vamos.

Por eso sigo el balbuceo cada vez más cristalino de mi sobrina, el frenillo del locutor que escucho por las mañanas en el coche camino del trabajo, la cara de mi amigo Ale que me avisa del puente de la canción que estamos ensayando, y me quedo fascinado.

Una pena que a Chomsky no se le ocurrieran más universales. Yo qué se, algo escondido detrás del velo del paladar para que ocurriera el pequeño milagro. Tenerte de repente tan cerca que no hiciera falta ni sustantivos ni verbos, que fuéramos como los Hopi, que no tienen –ni necesitan- manera de expresar el transcurrir del tiempo. Que entre nosotros todo fuera –y no- presente.

domingo, 2 de enero de 2011

La chica de la cicatriz (un cuento de navidad)

Te mentiría si te dijera que nunca me había fijado en tus tetas (para eso están los escotes generoso, ¿no?), pero sí puedo decirte que hasta hoy no te había mirado tan fijamente esa larga cicatriz que tienes justo encima del esternón. No sé, quizá sea ese espíritu navideño que arrastran los reencuentros, quizá nuestra azarosa y peliculera soltería, pero hoy sólo quería conocer su historia, besarla: escuchar el balbuceo que se esconde detrás de cada punto de sutura.



viernes, 19 de noviembre de 2010

Regalos

Escuchar el sonido del taladro que perfora mi muela. Cerrar los ojos. Tragar saliva. Notar la presión de los pechos de la doctora en mi cabeza. Dar gracias a Dios, a la genética y los azúcares por el empaste que ahora no puedo parar de tocarme con la lengua.







miércoles, 8 de septiembre de 2010

Grafomanía- Virgilio Piñera

Todos los escritores –los grandes y los chupatintas– han sido citados a juicio en el desierto de Sahara. Por cientos de miles este ejército poderoso pisa las candentes arenas, tiende la oreja –la aguzada oreja– para escuchar la acusación. De pronto sale de una tienda un loro. Bien parado sobre sus patas infla las plumas del cuello y con voz cascada –es un loro bien viejo– dice:

–Estáis acusados del delito de grafomanía.

Y acto seguido vuelve a entrar en la tienda.

Un soplo helado corre entre los escritores. Todas las cabezas se unen; hay una breve deliberación. El más destacado de entre ellos sale de las filas.

–Por favor… –dice junto a la puerta de la tienda.

Al momento aparece el loro.

–Excelencia –dice el delegado–. Excelencia, en nombre de mis compañeros os pregunto: ¿Podremos seguir escribiendo?

–Pues claro –casi grita el loro–. Se entiende que seguirán escribiendo cuanto se les antoje.

Indescriptible júbilo. Labios resecos besan las arenas, abrazos fraternales, algunos hasta sacan lápiz y papel.

–Que esto quede grabado en letras de oro –dicen.

Pero el loro, volviendo a salir de la tienda, pronuncia la sentencia:

–Escribid cuanto queráis –y tose ligeramente–, pero no por ello dejaréis de estar acusados del delito de grafomanía.

(1957)


El que vino a salvarme (1970)

domingo, 22 de agosto de 2010

El fantasma- Guillermo Samperio

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lunes, 12 de abril de 2010

En el insomnio - Virgilio Piñera

El hombre se acuesta temprano. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda entre las sábanas. Enciende un cigarrillo. Lee un poco. Vuelve a apagar la luz. Pero no puede dormir. A las tres de la madrugada se levanta. Despierta al amigo de al lado y le confía que no puede dormir. Le pide consejo. El amigo le aconseja que haga un pequeño paseo a fin de cansarse un poco. Que en seguida tome una taza de tilo y que apague la luz. Hace todo esto pero no logra dormir. Se vuelve a levantar. Esta vez acude al médico. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero el hombre no se duerme. A las seis de la mañana carga un revolver y se levanta la tapa de los sesos. El hombre está muerto pero no ha podido quedarse dormido. El insomnio es una cosa muy persistente.

jueves, 24 de septiembre de 2009

La respuesta

Y después de que él se quedara tranquilo, después de que soltara toda su parrafada, ella dijo:



Well I followed you that time,
things that touched me slipped my mind,
if you help me then ill try and ill believe you.

Time for you to explain
I've been caught up in my pain
and its really not the same
you can see it

Igot nothing left to be
do you have some plans for me
I've got nothing left to be
do you have some plans for me

Icant filter what i want
see my face and see the cost
all thats good that just got tossed
and I keep waiting

and I don't know what to drink
I get twisted everything
I need you to see me sing
can you believe it

Igot nothing left to be
do you have some plans for me
I've got nothing left to be
do you have some plans for me

I know you do
I know you do
I know you do

now I know you came
now I know you know my name
don't let me be the same

martes, 4 de agosto de 2009

La espera

Esperaba cada mañana, todavía ansioso los primeros meses, la señal que le habían predicho. Sólo sabía que ocurriría por la mañana. Subía, intuitivamente, la persiana, miraba por la ventana y buscaba algo fuera de lo habitual: una nube con forma peculiar, un pájaro volando de manera extraña, algún movimiento inusual de su metódico vecino –que tenía la costumbre de salir cada mañana a la terraza a fumarse el primer cigarrito del día-, cualquier cosa. Pero no. Nada le parecía una señal.

Con el tiempo, el ansia se transformó en costumbre y la búsqueda de señales era ya un paso más en su rutina diaria. Aquella mañana, cuando –aún medio dormido- subió la persiana, no tuvo que entornar los ojos por la claridad. Una extraña ceguera nublaba sus pupilas. Parpadeó varias veces. Se restregó las manos por los ojos con violencia. El nerviosismo le ahogaba el pecho. Abrió la ventana. El fresco mañanero de noviembre tampoco funcionó. Aterrorizado, se dio la vuelta en busca del teléfono para llamar a urgencias. Mientras se golpeaba con todos los muebles que encontraba a su paso, el vecino llamaba a sus hijos para que vieran cómo una bandada de golondrinas se chocaba, sin descanso, contra los árboles del parque.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Microconclusiones de una visita fugaz a un congreso sobre microrrelato en Málaga

Me quedé con las ganas de liarla (fina) con los locos del minicuento, pero -al menos- David Leo García me hizo este retrato:



miércoles, 26 de noviembre de 2008

Me voy a Málaga a hablar de Dinero. ¡Ala!

Himno

Por ti las madrugadas y el estiércol, la mentira en la boca y la amenaza. Por ti agachar la cabeza, vender mi nombre y renunciar a los sueños. Por ti el desvelo y la espalda quebrada. Por ti colgar el teléfono, marcar de nuevo y decir, está bien, lo que usted diga. Por ti cosas sucias de las que no me arrepiento. Porque tú me mantienes con vida. La boca que se dibuja cuando estoy a punto de abandonar. Tú, la belleza y el sentido.

Pablo García Casado, Dinero (2007).

domingo, 14 de septiembre de 2008

Acabo de ver Las invasiones bárbaras (2003) de Denys Arcand, y me he acordado de este maravilloso Satori de mi maestro, Paco Ruano. Les dejo con él:



Aquí me tienes.
Me ha costado más de lo que crees. Siempre me dije que eso de morir era un fracaso...pero aquí me tienes. He venido varias veces, ya lo sabes; aunque hoy, no sé cómo, me he visto verdaderamente dentro de ese hueco que tú ocupas. Será porque es febrero y hace un frío de muertos. Será eso. No me extraña que murieras en febrero. Bueno, ya no me extraña nada, ni nadie. Es a lo que vengo; vengo a decirte que me rindo, que por fin asumo tu estatura y la de toda esa gente que espera fuera, agarrada a los escalofríos de la vida, a que les toque turno. ¿Me comprendes? Hoy siento que os entiendo; que nada se me esconde de tus miedos y los suyos...de ese pánico de los días. Sé que me recuerdas muy distinto...trazando caminos... pero ha pasado tanto desde que te fuiste...pasó de todo. Al final, le vino al corazón una sequía indomable que agrietó la charca que me ofreciste. Aguantó fresca lo posible, es verdad, y te lo debo. Lo hiciste bien...lo hiciste bien, no te preocupes. Me llega en buen momento todo esto que te cuento. Quiero decir: que no vengo triste, que vengo conformado, que leo con respeto suficiente las letras de tu lápida, con el mismo respeto con el que empiezo a leer las de cualquiera de ésos que se ocultan de febrero como pueden al otro lado de las tapias.


R.I.P.
FRANCISCO RUANO GÓMEZ
30 DE AGOSTO DE 1958- 2 DE FEBRERO DE

lunes, 28 de abril de 2008

El oro de Lincoln
(variaciones sobre el tema de Arreola)

Tenía el mapa del tesoro. Cada mañana empezaba a contar los ciento veinte pasos que decían las instrucciones en una dirección diferente. Así, sin brújula ni nada. Al finalizar su búsqueda diaria traía siempre el falso regusto triunfante que deja el olor a tierra mojada.

Pero aquella mañana, al despertar, no sintió la necesidad de volver a cavar un nuevo agujero. Esa misma noche iba a conocerla.

miércoles, 23 de abril de 2008

Ágrafa musulmana en papiro de Oxyrrinco

Estabas a ras de tierra y no te vi. Tuve que cavar hasta el fondo de mí para encontrarte.



Palíndroma (1971)
, Juan José Arreola.

viernes, 11 de abril de 2008

España de Manuel Vilas

Cada uno es fiel –no le queda otra- a su propia generación. A mí no me importa España. Lógico. Tengo 26 años. Escribo en una biblioteca universitaria (de una provincia muy muy lejana), cuando debería estar estudiando para las oposiciones de secundaria. No me levanto cada día y pienso en lo hijoputas que son los políticos. Me da exactamente igual. Lo tengo asumido. Me levanto cada mañana y pienso en que (cuando salga de estudiar, cuando salga a las 8 de la tarde de estudiar y me vaya al bar con mi gente a beberme unas cervezas y fumarme unos petardos) voy a verla. Pienso “a ver si la veo esta noche”. No pienso en España. No pienso en Marty McFly. Pienso en la Guardia Civil cuando salgo de la ciudad en coche, pienso en lo buena que está la encargada de cultura en Diputación cuando voy a pedir subvenciones para mi revista literaria. No me da tiempo de pensar en los terroristas (será que vivo demasiado lejos del País Vasco). Pienso en lo caras que están las copas. Vuelvo a pensar en ella (esta noche me voy a hacer un pajote). Pero no pienso en España.

Tengo 26 años y fui concebido pocas semanas antes del golpe de Tejero. Cada mañana me levanto odiando cada vez más estas insufribles oposiciones (y eso que lo mío es la enseñanza). Y cada tarde vuelvo a esta estúpida biblioteca universitaria esperando que alguien me llame y me saque de aquí a “tomarnos un café”. Hoy llevo ya casi una hora y sólo he leído un par de capítulos de España, y he escrito este estúpido texto descarada y conscientemente influido por el librito de Vilas. Al menos, se me acaba de sentar en frente la misma tía buena que se sentó ayer. Debería decirle algo, ¿no crees, Manolo?

domingo, 16 de marzo de 2008

UNA VIVIENDA DIGNA

- Buf. Yo ya estoy bastante ciego -dice mientras se levanta de la silla de la terraza del bar.
- Si quieres nos vamos ya. Además, mañana es miércoles y -se busca en la cartera- no me queda pasta.
- No te preocupes, te invito a la última. Mientras ve haciéndote un porro, que hasta que no se acuesten mis padres -dice tambaleándose de camino a la barra- no puedo aparecer por casa.