Escuchar el sonido del taladro que perfora mi muela. Cerrar los ojos. Tragar saliva. Notar la presión de los pechos de la doctora en mi cabeza. Dar gracias a Dios, a la genética y los azúcares por el empaste que ahora no puedo parar de tocarme con la lengua.
Viaje sentimental de L.Sterne -I-
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Una vez releídas las páginas de Javier Marías sobre Sterne en *Vidas
escritas *y haber leído el prólogo a *Tristram Shandy*, de A.Wright, me
adentro en ...
Hace 5 días


1 comentario:
un empaste... y a la calle
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