sábado, 22 de enero de 2011

Chomsky, tú y yo

y tú, pequeño milagro
Visión Sonora


Los universales lingüísticos siempre me fascinaron. Ese tejido invisible que une a toda la humanidad; un tejido de fonemas, estructuras profundas y ansias de socialización. El instinto, vamos.

Por eso sigo el balbuceo cada vez más cristalino de mi sobrina, el frenillo del locutor que escucho por las mañanas en el coche camino del trabajo, la cara de mi amigo Ale que me avisa del puente de la canción que estamos ensayando, y me quedo fascinado.

Una pena que a Chomsky no se le ocurrieran más universales. Yo qué se, algo escondido detrás del velo del paladar para que ocurriera el pequeño milagro. Tenerte de repente tan cerca que no hiciera falta ni sustantivos ni verbos, que fuéramos como los Hopi, que no tienen –ni necesitan- manera de expresar el transcurrir del tiempo. Que entre nosotros todo fuera –y no- presente.

jueves, 20 de enero de 2011

"Aniversario" de Miguel d'Ors

Eran casi las nueve cuando reapareciste.
Yo te esperaba tejiendo y destejiendo
-Lee Konitz al fondo-
suplementos semanales ya algo rancios.
Veintitrés años juntos. Suficiente
para que imaginase lo que iba a llegar contigo:
un beso (con tu clásico acento de disculpa)
y un "quita ya esa música horrible".
100% de acierto.
Estaban en casa sólo los dos pequeños;
los demás, arrebatados por la fiebre
del sábado noche.
Tampoco el frigorífico andaba muy brillante:
una bolsa de patatas congeladas
y dos tetrabriks de zumo de tomate.
Mientras tú trajinas con la freidora
pongo el mantel frente al telediario.
"Feliz aniversario". Una gran fuente de patatas fritas
y zumo de tomate. Y en el segundo sorbo ya
viene a mí el furor poético:
"La Felicidad consiste
en no ser feliz
y que no te importe".


En El misterio de la felicidad (Antología Poética), 2009.

domingo, 2 de enero de 2011

La chica de la cicatriz (un cuento de navidad)

Te mentiría si te dijera que nunca me había fijado en tus tetas (para eso están los escotes generoso, ¿no?), pero sí puedo decirte que hasta hoy no te había mirado tan fijamente esa larga cicatriz que tienes justo encima del esternón. No sé, quizá sea ese espíritu navideño que arrastran los reencuentros, quizá nuestra azarosa y peliculera soltería, pero hoy sólo quería conocer su historia, besarla: escuchar el balbuceo que se esconde detrás de cada punto de sutura.