
Aunque estoy a punto de renacer,
no lo proclamaré a los cuatro vientos
ni me sentiré un elegido:
sólo me tocó en suerte,
y lo acepto porque no está en mi mano
negarme, y sería por otra parte una descortesía
que un hombre distinguido jamás haría.
Se me ha anunciado que mañana,
a las siete y seis minutos de la tarde,
me convertiré en una isla,
isla como suelen ser las islas.
Mis piernas se irán haciendo tierra y mar,
y poco a poco, igual que un andante chopiniano,
empezarán a salirme árboles en los brazos,
rosas en los ojos y arena en el pecho.
En la boca las palabras morirán
para que el viento a su deseo pueda ulular.
Después, tendido como suelen hacer las islas,
miraré fijamente al horizonte,
veré salir el sol. la luna,
y lejos ya de la inquietud,
diré muy bajito:
¿así que era verdad?
domingo, 10 de octubre de 2010
Isla- Virgilio Piñera
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Grafomanía- Virgilio Piñera
–Estáis acusados del delito de grafomanía.
Y acto seguido vuelve a entrar en la tienda.
Un soplo helado corre entre los escritores. Todas las cabezas se unen; hay una breve deliberación. El más destacado de entre ellos sale de las filas.
–Por favor… –dice junto a la puerta de la tienda.
Al momento aparece el loro.
–Excelencia –dice el delegado–. Excelencia, en nombre de mis compañeros os pregunto: ¿Podremos seguir escribiendo?
–Pues claro –casi grita el loro–. Se entiende que seguirán escribiendo cuanto se les antoje.
Indescriptible júbilo. Labios resecos besan las arenas, abrazos fraternales, algunos hasta sacan lápiz y papel.
–Que esto quede grabado en letras de oro –dicen.
Pero el loro, volviendo a salir de la tienda, pronuncia la sentencia:
–Escribid cuanto queráis –y tose ligeramente–, pero no por ello dejaréis de estar acusados del delito de grafomanía.
(1957)
El que vino a salvarme (1970)
lunes, 12 de abril de 2010
En el insomnio - Virgilio Piñera
martes, 3 de junio de 2008
El último Virgilio
Aquí les dejo un poema de su -a mi juicio- mejor libro de poemas, Una broma colosal (publicado, cómo no, póstumamente en 1988), que refleja esta actitud (el poema está fechado en 1976, tres años antes de su muerte):
Himno a la vida mía
Loco de contento
me echo por esas calles,
huelo el perfume de la noche,
y grito: ¡Estoy vivo!
¿Acaso no se percatan?
Abro mi camisa, llevo la mano al corazón:
Oigan cómo late.. No importa hasta cuándo.
Ahora vivo en medio de la calle,
y estoy de fiesta.
Mientras viva seré inmortal.
Si toco mi corazón,
es como si tocara eternamente.
Tan vivo estoy, que la historia
desfila ante mi vista,
y puedo acompañarla en su incesante marcha,
haber sido, ser y llegar a ser.
La sangre bulle en mis venas.
Cumple una y otra vez su ciclo,
y a la vida me aproxima más el tiempo.
Mía solamente, eterna en su bóveda celeste.
A este brazo que alzo, a esta boca que sonríe,
porder humano ni divino podrá darles
cristriana o pagana sepultura.
Desafían el negro boquete del sepulcro.
Aves de una especie desconocida,
sobre el polvo se encaminan intrépidos
hacia los mágicos espejos
donde la infinitud del tiempo
al hacerlos temporales, los reflejará en su pura esencia:
un brazo y una boca en mitad del planeta.
Obtener esta victoria,
es la confirmación de estar vivo,
vivo siempre, abandonado
mi cadáver futuro,
para hablar con mi cuerpo y decirle: ¡aleluya!
miércoles, 12 de marzo de 2008
Lo prometido es deuda. Ahí os dejo un par de microrrelatos de Virgilio Piñera. El primero, que no tiene título (aunque bien pudiera haberse llamado "El dolor"), apareció por primera y única vez en un especial monográfico (plagadito de inéditos) de Albur (1990), revista cubana de la que sólo contamos con 90 ejemplares; el segundo, "En el insomnio" (que podéis encontrar en sus Cuentos completos de Alfaguara) es uno de los culpables de mi amor por Piñera.
He decidido establecerme. Lo he pensado bien; basta ya de tomar un ómnibus todas las mañanas para caer en el infierno del trabajo. ¿El capital? Pero si yo tengo una inmensa cantidad de alimentos para vender en mi tienda. Yo voy a vender dolor. La tienda se llamará el dolor. Ustedes creerán que yo no voy a vender nada, pero se equivocan. Hay una gran multitud que no les duele nada. Esos serán mis clientes. Espero hacer buenas ventas. Nunca agotaré mis reservas, pues siempre algún sufrimiento estará en mí dispuesto a hacerme su presa. Venderé toda clase de dolores: desde el dolor de amor al dolor de la humillación. Y tendré el cliente que aspira a encajarse mi dolor amoroso y el que ansía por humillarse hasta las rodillas del perro. ¡Yo espero tener un gran éxito con mi nuevo negocio!
En el insomnio
El hombre se acuesta temprano. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda entre las sábanas. Enciende un cigarrillo. Lee un poco. Vuelve a apagar la luz. Pero no puede dormir. A las tres de la madrugada se levanta. Despierta al amigo de al lado y le confía que no puede dormir. Le pide consejo. El amigo le aconseja que haga un pequeño paseo a fin de cansarse un poco. Que en seguida tome una taza de tilo y que apague la luz. Hace todo esto pero no logra dormir. Se vuelve a levantar. Esta vez acude al médico. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero el hombre no se duerme. A las seis de la mañana carga un revolver y se levanta la tapa de los sesos. El hombre está muerto pero no ha podido quedarse dormido. El insomnio es una cosa muy persistente.
sábado, 16 de febrero de 2008
VIRGILIO, TÚ Y YO
Después de pasarme un año entero acostándome y levantándome con Virgilio Piñera, tuve que llegar –irremediablemente- a la conclusión de que fue un ser irrepetible. Cada grieta de su personalidad me fascinó.

