Gacela del amor desesperado
La noche no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.
Pero yo iré
aunque un sol de alacranes me coma la sien.
Pero tú vendrás
con la lengua quemada por la lluvia de sal.
El día no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.
Pero yo iré
entregando a los sapos mi mordido clavel.
Pero tú vendrás
por las turbias cloacas de la oscuridad.
Ni la noche ni el día quieren venir
para que por ti muera
y tú mueras por mí.
Diván del Tamarit, Federico García Lorca.
miércoles, 8 de octubre de 2008
domingo, 5 de octubre de 2008

Equilibrio. Estar, a cada paso, acompasado con quien camina a tu derecha. Una suerte de azarosas combinaciones transformadas en una sola tonalidad armónica que –por naturaleza- contiene todas las notas. No se preocupen, seguirán sonando una detrás de otra hasta que alguien ensordezca la cuerda. Equilibrio. Pero es tan difícil esperar sin coger carrerilla, sin precipitarte al vacío con un chaleco antibalas forrado de buenas intenciones. Equilibrio. Dar gracias a la vida por los regalos que te ofrece. Frenar. Golpear el diapasón. Volver a cogerte el compás.
jueves, 2 de octubre de 2008
El cielo de Madrid
¿Cuántas veces he pensado ya
en dejar este lugar hostil?
Pero como en los libros de mi infancia
siempre elijo la página que me devuelve al mismo lugar.
Me adentro en un extraño bar
donde se reúnen las almas solitarias,
impacientes en la puerta del baño
evitan el espejo por miedo a lo que puedan encontrar.
Puede que hoy tenga algo más de suerte,
quizás hoy pueda volver a verte,
quizás tenga algo más de suerte esta vez...
Al otro lado de la ciudad,
en un lugar todavía más oscuro,
las arañas esperan en su red
que una desorientada mariposa caiga en su trampa.
Ya se oye el ruido de las escobas,
vuelvo despacio camino del hogar,
ojalá no sucumbieras a las garras de la noche,
ojalá pronto tus ojos vuelvan a brillar con fuerza,
ojalá pronto vuelvan a brillar en la oscuridad del río.
Puede que hoy tenga algo más de suerte,
quizás hoy pueda volver a verte,
quizás tenga algo más de suerte esta vez...
Deluxe (Reconstrucción, 2008)
viernes, 19 de septiembre de 2008
sobre la espiral efímera de la inconsciencia,
no se golpeen en todas las paredes que se encuentren.
Que no tiene que ser tan difícil
ni tan largo el camino borroso de la incertidumbre.
La desesperación puede engendrarnos enemigos,
pero confíense. Ya aprenderán
sobre la marcha.
Ahora reúnan fuerzas
y cuando los cristales salgan
de sus ojos, aprieten los labios.
domingo, 14 de septiembre de 2008
Me ha costado más de lo que crees. Siempre me dije que eso de morir era un fracaso...pero aquí me tienes. He venido varias veces, ya lo sabes; aunque hoy, no sé cómo, me he visto verdaderamente dentro de ese hueco que tú ocupas. Será porque es febrero y hace un frío de muertos. Será eso. No me extraña que murieras en febrero. Bueno, ya no me extraña nada, ni nadie. Es a lo que vengo; vengo a decirte que me rindo, que por fin asumo tu estatura y la de toda esa gente que espera fuera, agarrada a los escalofríos de la vida, a que les toque turno. ¿Me comprendes? Hoy siento que os entiendo; que nada se me esconde de tus miedos y los suyos...de ese pánico de los días. Sé que me recuerdas muy distinto...trazando caminos... pero ha pasado tanto desde que te fuiste...pasó de todo. Al final, le vino al corazón una sequía indomable que agrietó la charca que me ofreciste. Aguantó fresca lo posible, es verdad, y te lo debo. Lo hiciste bien...lo hiciste bien, no te preocupes. Me llega en buen momento todo esto que te cuento. Quiero decir: que no vengo triste, que vengo conformado, que leo con respeto suficiente las letras de tu lápida, con el mismo respeto con el que empiezo a leer las de cualquiera de ésos que se ocultan de febrero como pueden al otro lado de las tapias.
R.I.P.
FRANCISCO RUANO GÓMEZ
30 DE AGOSTO DE 1958- 2 DE FEBRERO DE
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Cada día me parezco más a mi madre. Y no sólo ya en lo físico, más bien (y sobre todo) en las maneras, los gestos, la filosofía de vida. Pero hay cosas que, por mucho que lo intente, no termino de hacerlas mías. Soy meticuloso, observador, cuadriculado, pero sólo para algunas cosas. Porque cuando menos lo espero -es (casi) un decir- aparece el imprudente que no puede, no sabe, no quiere esperar.
Siempre guío mis pasiones con una sutil imprudencia milimetrada. Y creo que, a día de hoy, todavía no he conseguido beneficiarme de todo esto. No he terminado nunca de sacar una buena cosecha, un buen balance. Sí muchas efímeras alegrías, enormes, hipertróficas casi, pero siempre con ese regusto como de macarrones sin terminar de cocer.
No sabré contenerme ni paladear las horas, pero ese segundo que me contrae cada músculo del cuerpo (y de lo que menos hablo es de orgasmos), ese momento lo vale todo. O eso quiero creer. Pero ¿qué hubiera sido del universo -que diría Huidobro- sin el impulso del imprudente? La Historia cambia porque alguien no sabe -no quiere, no puede- respetar lo tiempos establecidos. Y si esto no es del todo verdad (o no te convence), dime qué sería de las historias que nos apasionan -las de verdad y las fingidas-, ¿qué sería de ellas sin la imprudencia?
Pues sí, nada tendría sentido. Ni los poemas de Nicanor Parra que hablan sobre el sinsentido de las cosas. Y por eso me desdigo en cada verso y, sobre todo, en cada silencio que me guardo y ahora desparramo a dos carrillos como un imprudente enamorado.
lunes, 1 de septiembre de 2008
Para bien o para mal:
«Someone finds salvation in everyone, another only pain,
someone tries to hide himself, down inside himself he prays,
someone swears its true love until the end of time,
another runs away separate or united, healthy or insane.
And to be yourself is all that you can do,
to be yourself is all that you can do,
to be yourself is all that you can do,
to be yourself is all that you can do.»
«Be yourself», Live in Cuba (2005), Audioslave.
