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debajo estoy yo
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Alejandra Pizarnik
Grita tantas veces tu nombre
que ya no sabe lo que está pronunciando.
Grita y tapona sus oídos.
Grita y dice todo lo que se le pasa por la cabeza,
o, al menos, esa es siempre su excusa.
“Es mi problema, no sé controlar mis palabras”,
repite una y otra vez.
Pero, cuando se da la vuelta, no respira aliviado
ni sigue gritando tu nombre.
Susurra el suyo muy bajito,
se rasca la cabeza y se muerde los labios.
(de Adolescencia dos: poemas hormonados)




