Las palabras son pequeñas palancas,
pero no hemos encontrado todavía su punto de apoyo.
Las apoyamos unas en otras
y el edificio cede.
Las apoyamos en el rostro del pensamiento
y las devora su máscara.
Las apoyamos en el río del amor
y se van con el río.
Y seguimos buscando su suma
en una sola palanca,
pero sin saber qué queremos levantar,
si la vida o la muerte,
si el hecho mismo de hablar
o el círculo cerrado de ser hombres.
miércoles, 8 de febrero de 2012
De nuevo, el maestro Juarroz
jueves, 5 de enero de 2012
Amor/Síndrome de Diógenes/Complejo de Edipo
jueves, 29 de diciembre de 2011
Apócrifo de "Cosas que los nietos deberían saber" de Mark Olivert Everett
jueves, 1 de diciembre de 2011
¡Que viva Parra!
ME RETRACTO DE TODO LO DICHO
Antes de despedirme
Tengo derecho a un último deseo:
Generoso lector
quema este libro
No representa 1o que quise decir
A pesar de que fue escrito con sangre
No representa lo que quise decir.
Mi situación no puede ser más triste
Fui derrotado por mi propia sombra:
Las palabras se vengaron de mí.
Perdóname lector
Amistoso lector
Que no me pueda despedir de ti
Con un abrazo fiel:
Me despido de ti
con una triste sonrisa forzada.
Puede que yo no sea más que eso
pero oye mi última palabra:
Me retracto de todo lo dicho.
Con la mayor amargura del mundo
Me retracto de todo lo que he dicho.
viernes, 18 de noviembre de 2011
Tres poemas de verano
No estás triste.
Es lógico. Llevas la alegría
a cuestas.
Y la ayudas a vestirse cada mañana.
…
Me retuerzo en un recuerdo
que quiere ser futuro.
Parece salitre.
Y se enfría.
…
Salta. Utiliza
las vidas que necesites.
Yo estaré aquí
con tu toalla.
domingo, 6 de noviembre de 2011
Time to pretend- MGMT (traducción)
domingo, 25 de septiembre de 2011
Un poema de Roberto Juarroz
Algún día encontraré una palabra
que penetre en tu vientre y lo fecunde,
que se pare en tu seno
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.
Hallaré una palabra
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,
que contenga tu cuerpo
y abra tus ojos como un dios sin nubes
y te use tu saliva
y te doble las piernas.
Tú tal vez no la escuches
o tal vez no la comprendas.
No será necesario.
Irá por tu interior como una rueda
recorriéndote al fin de punta a punta,
mujer mía y no mía,
y no se detendrá ni cuando mueras.
